lunes, 18 de noviembre de 2013

Textos de la generación del 27

PEDRO SALINAS

(De La Voz a ti debida):

  Para vivir no quiero
                  islas, palacios, torres.
                  ¡Qué alegría más alta:
                  vivir en los pronombres!
                  Quítate ya los trajes,
                  las señas, los retratos;
                  yo no te quiero así,
                  disfrazada de otra,
                  hija siempre de algo.
                  Te quiero pura, libre,
                  irreductible: tú.
                  Sé que cuando te llame
                  entre todas las gentes
                  del mundo,
                  sólo tú serás tú.
                  Y cuando me preguntes
                  quién es el que te llama,
                  el que te quiere suya, 

                  enterraré los nombres,
                  los rótulos, la historia.
                  Iré rompiendo todo
                  lo que encima me echaron
                  desde antes de nacer.
                  Y vuelto ya al anónimo
                  eterno del desnudo,
                  de la piedra, del mundo,
                  te diré:
                  “Yo te quiero, soy yo”.
                  Pedro Salinas, La voz a ti debida, 1933.

Underwood Girls

Quietas, dormidas están,
las treinta, redondas, blancas.
Entre todas
sostienen el mundo.
Míralas, aquí en su sueño,
como nubes,
redondas, blancas, y dentro
destinos de trueno y rayo,
destinos de lluvia lenta,
de nieve, de viento, signos.
Despiértalas,
con contactos saltarines
de dedos rápidos, leves,
como a músicas antiguas.
Ellas suenan otra música:
fantasías de metal
valses duros, al dictado.
Que se alcen desde siglos
todas iguales, distintas
como las olas del mar
y una gran alma secreta.
Que se crean que es la carta,
la fórmula, como siempre.
Tú alócate
bien los dedos, y las
raptas y las lanzas,
a las treinta, eternas ninfas
contra el gran mundo vacío,
blanco a blanco.
Por fin a la hazaña pura,
sin palabras, sin sentido,
ese, zeda, jota, i...


FEDERICO GARCÍA LORCA: 

EL LAGARTO ESTÁ LLORANDO
 
  El lagarto está llorando.
La lagarta está llorando.

El lagarto y la lagarta
con delantalitos blancos.

Han perdido sin querer
su anillo de desposados.

¡Ay, su anillito de plomo,
ay, su anillito plomado!

Un cielo grande y sin gente
monta en su globo a los pájaros.

El sol, capitán redondo,
lleva un chaleco de raso.

¡Miradlos qué viejos son!
¡Qué viejos son los lagartos!

¡Ay, cómo lloran y lloran,
¡ay! ¡ay! cómo están llorando.

 

CANCIÓN DEL JINETE

Córdoba.
Lejana y sola.

Jaca negra, luna grande,
y aceitunas en mi alforja.
Aunque sepa los caminos
yo nunca llegaré a Córdoba.

Por el llano, por el viento,
jaca negra, luna roja.
La muerte me está mirando
desde las torres de Córdoba.

¡Ay qué camino tan largo!
¡Ay mi jaca valerosa!
¡Ay que la muerte me espera,
antes de llegar a Córdoba!
Córdoba.
Lejana y sola

PRENDIMIENTO DE ANTOÑITO EL CAMBORIO

Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
con una vara de mimbre
va a Sevilla a ver los toros.
Moreno de verde luna
anda despacio y garboso.
Sus empavonados bucles
le brillan entre los ojos.
A la mitad del camino
cortó limones redondos,
y los fue tirando al agua
hasta que la puso de oro.
Y a la mitad del camino,
bajo las ramas de un olmo,
guardia civil caminera
lo llevó codo con codo.

El día se va despacio,
la tarde colgada a un hombro,
dando una larga torera
sobre el mar y los arroyos.
Las aceitunas aguardan
la noche de Capricornio,
y una corta brisa, ecuestre,
salta los montes de plomo.
Antonio Torres Heredia,
hijo y nieto de Camborios,
viene sin vara de mimbre
entre los cinco tricornios.

Antonio, ¿quién eres tú?
Si te llamaras Camborio,
hubieras hecho una fuente
de sangre con cinco chorros.
Ni tú eres hijo de nadie,
ni legítimo Camborio.
¡Se acabaron los gitanos
que iban por el monte solos!
Están los viejos cuchillos
tiritando bajo el polvo.

A las nueve de la noche
lo llevan al calabozo,
mientras los guardias civiles
beben limonada todos.
Y a las nueve de la noche
le cierran el calabozo,
mientras el cielo reluce
como la grupa de un potro.


MUEERTE DE ANTOÑITO EL CAMBORIO

Voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.
Voces antiguas que cercan
voz de clavel varonil.
Les clavó sobre las botas
mordiscos de jabalí.
En la lucha daba saltos
jabonados de delfín.
Bañó con sangre enemiga
su corbata carmesí,
pero eran cuatro puñales
y tuvo que sucumbir.
Cuando las estrellas clavan
rejones al agua gris,
cuando los erales suenan
verónicas de alhelí,
voces de muerte sonaron
cerca del Guadalquivir.

Antonio Torres Heredia,
Camborio de dura crin,
moreno de verde luna,
voz de clavel varonil:
¿Quién te ha quitado la vida
cerca del Guadalquivir?
Mis cuatro primos Heredias
hijos de Benamejí.
Lo que en otros no envidiaban,
ya lo envidiaban en mí.
Zapatos color corinto,
medallones de marfil,
y este cutis amasado
con aceituna y jazmín.
¡Ay Antoñito el Camborio,
digno de una Emperatriz!
Acuérdate de la Virgen
porque te vas a morir.
¡Ay Federico García,
llama a la Guardia Civil!
Ya mi talle se ha quebrado
como caña de maíz.

Tres golpes de sangre tuvo
y se murió de perfil.
Viva moneda que nunca
se volverá a repetir.
Un ángel marchoso pone
su cabeza en un cojín.
Otros de rubor cansado,
encendieron un candil.
Y cuando los cuatro primos
llegan a Benamejí,
voces de muerte cesaron
cerca del Guadalquivir.


ROMANCE SONÁMBULO

Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar
y el caballo en la montaña.
Con la sombra en la cintura
ella sueña en su baranda,
verde carne, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Verde que te quiero verde.
Bajo la luna gitana,
las cosas la están mirando
y ella no puede mirarlas.


Verde que te quiero verde.
Grandes estrellas de escarcha,
vienen con el pez de sombra
que abre el camino del alba.
La higuera frota su viento
con la lija de sus ramas,
y el monte, gato garduño,
eriza sus pitas agrias.
¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...?
Ella sigue en su baranda,
verde carne, pelo verde,
soñando en la mar amarga.

Compadre, quiero cambiar
mi caballo por su casa,
mi montura por su espejo,
mi cuchillo por su manta.
- Compadre, vengo sangrando,
desde los puertos de Cabra.
Si yo pudiera, mocito,
ese trato se cerraba.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
- Compadre, quiero morir
decentemente en mi cama.
De acero, si puede ser, con
las sábanas de holanda.
¿No ves la herida que tengo
desde el pecho a la garganta?
- Trescientas rosas morenas
lleva tu pechera blanca.
Tu sangre rezuma y huele
alrededor de tu faja.
Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.
- Dejadme subir al menos
hasta las altas barandas,
¡dejadme subir!, dejadme
hasta las verdes barandas.
Barandales de la luna por
donde retumba el agua.

Ya suben los dos compadres
hacia las altas barandas.
Dejando un rastro de sangre.
Dejando un rastro de lágrimas.
Temblaban en los tejados
farolillos de hojalata.
Mil panderos de cristal,
herían la madrugada.

Verde que te quiero verde,
verde viento, verdes ramas.
Los dos compadres subieron.
El largo viento, dejaba
en la boca un raro gusto
de hiel, de menta y de albahaca.
- ¡Compadre! ¿Dónde está, dime?
¿Dónde está tu niña amarga?
- ¡Cuántas veces te esperó!
¡Cuántas veces te esperara
cara fresca, negro pelo,
en esta verde baranda!

Sobre el rostro del aljibe
se mecía la gitana.
Verde cama, pelo verde,
con ojos de fría plata.
Un carámbano de luna
la sostiene sobre el agua.
La noche se puso íntima
como una pequeña plaza.
Guardias civiles borrachos
en la puerta golpeaban.
Verde que te quiero verde.
Verde viento. Verdes ramas.
El barco sobre la mar.
Y el caballo en la montaña.

BALADILLA DE LOS TRES RIOS 

El río Guadalquivir
va entre naranjos y olivos
Los dos ríos de Granada
bajan de la nieve al trigo.

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

El río Guadalquivir
tiene las barbas granates.
Los dos ríos de Granada
uno llanto y otro sangre.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

Para los barcos de vela,
Sevilla tiene un camino;
por el agua de Granada
sólo reman los suspiros.

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

Guadalquivir, alta torre
y viento en los naranjales.
Dauro y Genil, torrecillas
muertas sobre los estanques.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire!

¡Quién dirá que el agua lleva
un fuego fatuo de gritos!

¡Ay, amor,
que se fue y no vino!

Lleva azahar, lleva olivas,
Andalucía, a tus mares.

¡Ay, amor,
que se fue por el aire! 

LA COGIDA Y LA MUERTE
A las cinco de la tarde.
Eran las cinco en punto de la tarde.
Un niño trajo la blanca sábana
a las cinco de la tarde.
Una espuerta de cal ya prevenida
a las cinco de la tarde.
Lo demás era muerte y sólo muerte
a las cinco de la tarde.
El viento se llevó los algodones
a las cinco de la tarde.
Y el óxido sembró cristal y níquel
a las cinco de la tarde.
Ya luchan la paloma y el leopardo
a las cinco de la tarde.
Y un muslo con un asta desolada
a las cinco de la tarde.
Comenzaron los sones de bordón
a las cinco de la tarde.
Las campanas de arsénico y el humo
a las cinco de la tarde.
En las esquinas grupos de silencio
a las cinco de la tarde.
¡Y el toro solo corazón arriba!
a las cinco de la tarde.
Cuando el sudor de nieve fue llegando
a las cinco de la tarde
cuando la plaza se cubrió de yodo
a las cinco de la tarde,
la muerte puso huevos en la herida
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
A las cinco en Punto de la tarde.
Un ataúd con ruedas es la cama
a las cinco de la tarde.
Huesos y flautas suenan en su oído
a las cinco de la tarde.
El toro ya mugía por su frente
a las cinco de la tarde.
El cuarto se irisaba de agonía
a las cinco de la tarde.
A lo lejos ya viene la gangrena
a las cinco de la tarde.
Trompa de lirio por las verdes ingles
a las cinco de la tarde.
Las heridas quemaban como soles
a las cinco de la tarde,
y el gentío rompía las ventanas
a las cinco de la tarde.
A las cinco de la tarde.
¡Ay, qué terribles cinco de la tarde!
¡Eran las cinco en todos los relojes!
¡Eran las cinco en sombra de la tarde!

LA SANGRE DERRAMADA

¡Que no quiero verla!

Dile a la luna que venga,
que no quiero ver la sangre
de Ignacio sobre la arena. 


¡Que no quiero verla!

La luna de par en par,
caballo de nubes quietas,
y la plaza gris del sueño
con sauces en las barreras 


¡Que no quiero verla¡

Que mi recuerdo se quema.
¡Avisad a los jazmines
con su blancura pequeña! 


¡Que no quiero verla!

La vaca del viejo mundo
pasaba su triste lengua
sobre un hocico de sangres
derramadas en la arena,
y los toros de Guisando,
casi muerte y casi piedra,
mugieron como dos siglos
hartos de pisar la tierra.
 

No.
¡Que no quiero verla!

Por las gradas sube Ignacio
con toda su muerte a cuestas.
Buscaba el amanecer,
y el amanecer no era.
Busca su perfil seguro,
y el sueño lo desorienta.
Buscaba su hermoso cuerpo
y encontró su sangre abierta.
¡No me digáis que la vea!
No quiero sentir el chorro
cada vez con menos fuerza;
ese chorro que ilumina
los tendidos y se vuelca
sobre la pana y el cuero
de muchedumbre sedienta.
¡Quién me grita que me asome!
¡No me digáis que la vea!
 

No se cerraron sus ojos
cuando vio los cuernos cerca,
pero las madres terribles
levantaron la cabeza.
Y a través de las ganaderías,
hubo un aire de voces secretas
que gritaban a toros celestes,
mayorales de pálida niebla. 


No hubo príncipe en Sevilla
que comparársele pueda,
ni espada como su espada,
ni corazón tan de veras.
Como un rio de leones
su maravillosa fuerza,
y como un torso de mármol
su dibujada prudencia.
Aire de Roma andaluza
le doraba la cabeza
donde su risa era un nardo
de sal y de inteligencia.
¡Qué gran torero en la plaza!
¡Qué gran serrano en la sierra!
¡Qué blando con las espigas!
¡Qué duro con las espuelas!
¡Qué tierno con el rocío!
¡Qué deslumbrante en la feria!
¡Qué tremendo con las últimas
banderillas de tiniebla! 


Pero ya duerme sin fin.
Ya los musgos y la hierba
abren con dedos seguros
la flor de su calavera.
Ysu sangre ya viene cantando:
cantando por marismas y praderas,
resbalando por cuernos ateridos,
vacilando sin alma por la niebla,
tropezando con miles de pezuñas
como una larga, oscura, triste lengua,
para formar un charco de agonía
junto al Guadalquivir de las estrellas.

¡Oh blanco muro de España!
¡Oh negro toro de pena!
¡Oh sangre dura de Ignacio!
¡Oh ruiseñor de sus venas!

No.
¡Que no quiero verla!
Que no hay cáliz que la contenga,
que no hay golondrinas que se la beban,
no hay escarcha de luz que la enfríe,
no hay canto ni diluvio de azucenas,
no hay cristal que la cubra de plata,
No.
¡¡Yo no quiero verla!!


 LA AURORA

La aurora de Nueva York tiene
cuatro columnas de cieno
y un huracán de negras palomas
que chapotean las aguas podridas.
La aurora de Nueva York gime
por las inmensas escaleras
buscando entre las aristas
nardos de angustia dibujada.
La aurora llega y nadie la recibe en su boca
porque allí no hay mañana ni esperanza posible.
A veces las monedas en enjambres furiosos
taladran y devoran abandonados niños.
los primeros que salen comprenden con sus huesos
que no habrá paraísos ni amores deshojados:
saben que van al cieno de números y leyes,
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto.
La luz es sepultada por cadenas y ruidos
en impúdico reto de ciencia sin raíces.
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio sin sangre.

(comparar con La Aurora de N.York -primavera- de J.R.Jiménez)




RAFAEL ALBERTI: 

La niña que se va al mar

¡Qué blanca lleva la falda
la niña que se va al mar!
¡Ay niña, no te la manche
la tinta del calamar!

¡Qué blancas tus manos, niña,
que te vas sin suspirar!
¡Ay niña, no te las manche
la tinta del calamar!

¡Qué blanco tu corazón
y qué blanco tu mirar!
¡Ay niña, no te los manche
la tinta del calamar!

EL MAR
 
El mar. La mar.
El mar. ¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre,
a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste
del mar?
En sueños la marejada
me tira del corazón;
se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste
acá? Gimiendo por ver el mar,
un marinerito en tierra
iza al aire este lamento:
¡Ay mi blusa marinera;
siempre me la inflaba el viento
al divisar la escollera!
­_________________

   Si mi voz muriera en tierra
llevadla al nivel del mar
y dejadla en la ribera.
   Llevadla al nivel del mar
y nombardla capitana
de un blanco bajel de guerra.
   ¡Oh mi voz condecorada
con la insignia marinera:
sobre el corazón un ancla
y sobre el ancla una estrella
y sobre la estrella el viento
y sobre el viento la vela!


CITA TRISTE DE CHARLOT
 
Mi corbata, mis guantes,
Mis guantes, mi corbata.


La mariposa ignora la muerte de los sastres
la derrota del mar por los escaparates.
Mi edad, señores, 900.000 años. ¡Oh!

Era yo un niño cuando los peces no nadaban,
cuando las ocas no decían misa
ni el caracol embestía al gato.
Juguemos al ratón y al gato, señorita.
Lo más triste, caballero, un reloj:
las 11, las 12, la 1, las 2.

A las tres en punto morirá un transeúnte.
Tú, luna, no te asustes;
tú, luna, de los taxis retrasados,
luna de hollín de los bomberos.

La ciudad está ardiendo por el cielo,
un traje igual al mío se hastía por el campo.
Mi edad, de pronto, 25 años.

Es que nieva, que nieva,
y mi cuerpo se vuelve choza de madera.
Yo te invito al descanso, viento.
Muy tarde es ya para cenar estrellas.

Pero podemos bailar, árbol perdido
Un vals para los lobos,
para el sueño una gallina sin las uñas del zorro.
Se me ha extraviado el bastón.

Es muy triste pensarlo solo por el mundo.
¡Mi bastón!

Mi sombrero, mis puños,
mis guantes, mis zapatos.

El hueso que más duelo, amor mío, no es el reloj:
las 11, las 12, la 1, las 2.

Las 3 en punto.
En la farmacia se evapora un cadáver desnudo.

LOS DOS ÁNGELES


 Ángel de luz, ardiendo,
¡oh, ven!, y con tu espada
incendia los abismos donde yace
mi subterráneo ángel de las nieblas.

¡Oh espadazo en las sombras!
Chispas múltiples,
clavándose en mi cuerpo,
en mis alas sin plumas, en lo que nadie ve,
vida.

Me estás quemando vivo.
Vuela ya de mí, oscuro
Luzbel de las canteras sin auroras,
de los pozos sin agua,
de las simas sin sueño,
ya carbón del espíritu,
sol, luna.

Me duelen los cabellos
y las ansias. ¡Oh, quémame!
¡Más, más, sí, sí, más! ¡Quémame!
¡Quémalo, ángel de luz, custodio mío,
tú que andabas llorando por las nubes,
tú, sin mí, tú, por mí,
ángel frío de polvo, ya sin gloria,
volcado en las tinieblas!

¡Quémalo, ángel de luz,
quémame y huye!

LA PALOMA
   Se equivocó la paloma,
se equivocaba.
   Por ir al norte fue al sur,
creyó que el trigo era el agua.
   Creyó que el mar era el cielo
que la noche la mañana.
   Que las estrellas rocío,
que la calor la nevada.
   Que tu falda era tu blusa,
que tu corazón su casa. 


   (Ella se durmió en la orilla,
tú en la cumbre de una rama.)

GALOPE
Las tierras, las tierras, las tierras de España,
las grandes, las solas, desiertas llanuras.
Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
al sol y a la luna. 
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar! 
A corazón suenan, resuenan, resuenan
las tierras de España, en las herraduras.
Galopa, jinete del pueblo,
caballo cuatralbo,
caballo de espuma. 
¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
Nadie, nadie, nadie, que enfrente no hay nadie;
que es nadie la muerte si va en tu montura.
 

Galopa, caballo cuatralbo,
jinete del pueblo,
que la tierra es tuya. ¡A galopar,
a galopar,
hasta enterrarlos en el mar!
CANCIÓN PARA FEDERICO
Federico
Voy por la calle del pinar
para verte en la residencia.
Llamo a la puerta de tu cuarto.
Tú no estás. Federico
Tú te reías como nadie,
decías tú todas tus cosas
como ya nadie las dirá (...)

JORGE GUILLÉN :

.LOS NOMBRES
Albor. El horizonte
entreabre sus pestañas,
y empieza a ver. ¿Qué? Nombres. 


Están sobre la pátina
de las cosas. La rosa
se llama todavía
hoy rosa, y la memoria
de su tránsito, prisa.
Prisa de vivir más.
 

A lo largo amor nos alce
esa pujanza agraz
del Instante, tan ágil
que en llegando a su meta
corre a imponer Después.
Alerta, alerta, alerta,
yo seré, yo seré.

¿Y las rosas? Pestañas
cerradas: horizonte
final. ¿Acaso nada?
Pero quedan los nombres.
________________------

Pasa el tiempo y suspiro porque paso,
aunque yo quede en mí, que sabe y cuenta,
y no con el reloj, su marcha lenta
—nunca es la mía— bajo el cielo raso. 

Calculo, sé, suspiro —no soy caso
de excepción— y a esta altura, los setenta,
mi afán del día no se desalienta,
a pesar de ser frágil lo que amaso.
Ay, Dios mío, me sé mortal de veras.
Pero mortalidad no es el instante
que al fin me privará de mi corriente.
Estas horas no son las postrimeras,
y mientras haya vida por delante,
serás mis sucesiones de viviente.
 
¡Si pudiese dormir!, aún me extravío
por ese insomnio que se me rebela.
No sé lo que detrás de la cancela
me ocurre en mi interior aún más sombrío.
Dentro confuso y torpe, me desvío
de lo que el alma sobre todo anhela;...(Clamor)

GERARDO DIEGO

EL CIPRÉS DE SILOS  
Enhiesto surtidor de sombra y sueño
que acongojas el cielo con tu lanza.
Chorro que a las estrellas casi alcanza
devanado a sí mismo en loco empeño.

Mástil de soledad, prodigio isleño,
flecha de fe, saeta de esperanza.
Hoy llegó a ti, riberas del Arlanza,
peregrina al azar, mi alma sin dueño.

Cuando te vi señero, dulce, firme,
qué ansiedades sentí de diluirme
y ascender como tú, vuelto en cristales,

como tú, negra torre de arduos filos,
ejemplo de delirios verticales,
mudo ciprés en el fervor de Silos.

    GIRALDA 
Giralda en prisma puro de Sevilla,
nivelada del plomo y de la estrella,
molde en engaste azul, torre sin mella,
palma de arquitectura sin semilla.

Si su espejo la brisa enfrente brilla,
no te contemples —ay, Narcisa—, en ella,
que no se mude esa tu piel doncella,
toda naranja al sol que se te humilla.

Al contraluz de luna limonera,
tu arista es el bisel, hoja barbera
que su más bella vertical depura.

Resbala el tacto su caricia vana.
Yo mudéjar te quiero y no cristiana.
Volumen nada más: base y altura.
  
ROMANCE DEL DUERO

Río Duero, río Duero,
nadie a acompañarte baja;
nadie se detiene a oír
tu eterna estrofa de agua.
Indiferente o cobarde,
la ciudad vuelve la espalda.
No quiere ver en tu espejo
su muralla desdentada.
Tú, viejo Duero, sonríes
entre tus barbas de plata,
moliendo con tus romances
las cosechas mal logradas.
Y entre los santos de piedra
y los álamos de magia
pasas llevando en tus ondas
palabras de amor, palabras.
Quién pudiera como tú,
a la vez quieto y en marcha,
cantar siempre el mismo verso
pero con distinta agua.
Río Duero, río Duero,
nadie a estar contigo baja,
ya nadie quiere atender
tu eterna estrofa olvidada,
sino los enamorados
que preguntan por sus almas
y siembran en tus espumas
palabras de amor, palabras.

CUARTO DE BAÑO

Qué claridad de playa al mediodía,
Qué olor de mar, qué tumbos, cerca, lejos,
si, entre espumas y platas y azulejos,
Venus renace a la mitología.

Concha de porcelana,el baño fía 
su parto al largo amor de los espejos
que, deslumbrados, ciegos de reflejos,
se empañan de un rubor de niebla fría.
He aquí, olorosa, la diosa desnuda.
Nimbo de suavidad su piel exuda
y en el aire se absuelve y se demora.
Venus, esquiva en su rebozo, huye.
Su alma por los espejos se diluye,
y solo -olvidado- un grifo llora y llora.

VICENTE ALEIXANDRE

Adolescencia

Vinieras y te fueras dulcemente,
de otro camino
a otro camino. Verte,
y ya otra vez no verte.
Pasar por un puente a otro puente.
-El pie breve,
la luz vencida alegre-.

Muchacho que sería yo mirando
aguas abajo la corriente,
y en el espejo tu pasaje
fluir, desvanecerse.

 Criaturas en la aurora

Vosotros conocisteis la generosa luz de la inocencia.
Entre las flores silvestres recogisteis cada mañana
el último, el pálido eco de la postrer estrella.
Bebisteis ese cristalino fulgor,
que con una mano purísima
dice adiós a los hombres detrás de la fantástica
                                                 presencia montañosa.
Bajo el azul naciente,
entre las luces nuevas, entre los puros céfiros primeros,
que vencían a fuerza de -candor a la noche,
amanecisteis cada día, porque cada día la túnica casi
                                                                        húmeda
se desgarraba virginalmente para amaros,
desnuda, pura, inviolada.
Aparecisteis entre la suavidad de las laderas,
donde la hierba apacible ha recibido eternamente el
                                          beso instantáneo de la luna.
Ojo dulce, mirada repentina para un mundo estremecido
que se siente inefable más allá de su misma apariencia.
La música de los ríos, la quietud de las alas,
esas plumas que todavía con el recuerdo del día se
                     plegaron para el amor como para el sueño,
Lejos están las inmarchitas horas matinales,
imagen feliz de la aurora impaciente,
tierno nacimiento de la dicha en los labios,
en los seres vivísimos que yo amé en vuestras márgenes.
El placer no tomaba el temeroso nombre de placer,
ni el turbio espesor de los bosques hendidos,
sino la embriagadora nitidez de las cañadas abiertas
donde la luz se desliza con sencillez de pájaro.
Por eso os amo, inocentes, amorosos seres mortales
de un mundo virginal que diariamente se repetía
cuando la vida sonaba en las gargantas felices
de las aves, los ríos, los aires y los hombres.


SE QUERÍAN

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.
Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.
Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.
Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.
Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando...
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.
Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.
Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.
Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

EL VALS

Eres hermosa como la piedra,
oh difunta;
Oh viva, oh viva, eres dichosa como la nave.
Esta orquesta que agita
mis cuidados como una negligencia,
como un elegante bendecir de buen tono,
ignora el vello de los pubis,
ignora la risa que sale del esternón como una gran batuta.

Unas olas de afrecho,
un poco de serrín en los ojos,
o si acaso en las sienes,
o acaso adornando las cabelleras;
unas faldas largas hechas de colas de cocodrilos;
unas lenguas o unas sonrisas hechas con caparazones de cangrejos.
Todo lo que está suficientemente visto
no puede sorprender a nadie.

Las damas aguardan su momento sentadas sobre una lágrima,
disimulando la humedad a fuerza de abanico insistente.
Y los caballeros abandonados de sus traseros
quieren atraer todas las miradas a la fuerza hacia sus bigotes.

Pero el vals ha llegado.
Es una playa sin ondas,
es un entrechocar de conchas, de tacones, de espumas o de dentaduras postizas.
Es todo lo revuelto que arriba.

Pechos exuberantes en bandeja en los brazos,
dulces tartas caídas sobre los hombros llorosos,
una languidez que revierte,
un beso sorprendido en el instante que se hacía «cabello de ángel»,
un dulce «sí» de cristal pintado de verde.

Un polvillo de azúcar sobre las frentes
da una blancura cándida a las palabras limadas,
y las manos se acortan más redondeadas que nunca,
mientras fruncen los vestidos hechos de esparto querido.

Las cabezas son nubes, la música es una larga goma,
las colas de plomo casi vuelan, y el estrépito
se ha convertido en los corazones en oleadas de sangre,
en un licor, si blanco, que sabe a memoria o a cita.

Adiós, adiós, esmeralda, amatista o misterio;
adiós, como una bola enorme ha llegado el instante,
el preciso momento de la desnudez cabeza abajo,
cuando los vellos van a pinchar los labios obscenos que saben.
Es el instante, el momento de decir la palabra que estalla,
el momento en que los vestidos se convertirán en aves,
las ventanas en gritos,
las luces en ¡socorro!
y ese beso que estaba (en el rincón) entre dos bocas
se convertirá en una espina
que dispensará la muerte diciendo:
Yo os amo.

El poeta se acuerda de su vida
 
Perdonadme: he dormido.
Y dormir no es vivir. Paz a los hombres.
Vivir no es suspirar o presentir palabras que aún nos vivan.
¿Vivir en ellas? Las palabras mueren.
Bellas son al sonar, mas nunca duran.
Así esta noche clara. Ayer cuando la aurora
o cuando el día cumplido estira el rayo
final, ya en tu rostro acaso.
Con tu pincel de luz cierra tus ojos.
Duerme.
La noche es larga, pero ya ha pasado.
No te olvides, temprana, de los besos un día.
De los besos alados que a tu boca llegaron.
Un instante pusieron su plumaje encendido
sobre el puro dibujo que se rinde entreabierto.
Te rozaron los dientes. Tú sentiste su bulto,
en tu boca latiendo su celeste plumaje.
Ah, redondo tu labio palpitaba de dicha.
¿Quién no besa esos pájaros cuando llegan, escapan?
Entreabierta tu boca vi tus dientes blanquísimos.
Ah, los picos delgados entre labios se hunden.
Ah, picaron celestes, mientras dulce sentiste
que tu cuerpo ligero, muy ligero, se erguía.
¡Cuán graciosa, cuán fina, cuán esbelta reinabas!
Luz o pájaros llegan, besos puros, plumajes.
Y oscurecen tu rostro con sus alas calientes,
que te rozan, revuelan, mientras ciega tú brillas.
No lo olvides. Felices, mira, van, ahora escapan.
Mira: vuelan, ascienden, el azul los adopta.
Suben altos, dorados. Van calientes, ardiendo.
Gimen, cantan, esplenden. En el cielo deliran. 



DÁMASO ALONSO

Gozo del tacto
Estoy vivo y toco
Toco, toco, toco.
Y no, no estoy loco.
Hombre, toca, toca
lo que te provoca:
seno, pluma, roca,
pues mañana es cierto
que ya estarás muerto,
tieso, hinchado, yerto.
Toca, toca, toca,
¡qué alegría loca!
Toca. Toca. Toca.
  
ORACIÓN POR LA BELLEZA DE UNA MUCHACHA
Tú le diste esa ardiente simetría
de los labios, con brasa de tu hondura,
y en dos enormes cauces de negrura,
simas de infinitud, luz de tu día;
esos bultos de nieve, que bullía
al soliviar del lino la tersura,
y, prodigios de exacta arquitectura,
dos columnas que cantan tu armonía.
Ay, tú, Señor, le diste esa ladera
que en un álabe dulce se derrama,
miel secreta en el humo entredorado.
¿A qué tu poderosa mano espera?
Mortal belleza eternidad reclama.
¡Dale la eternidad que le has negado!

MUJER CON ALCUZA
¿Adónde va esa mujer,
arrastrándose por la acera,
ahora que ya es casi de noche,
con la alcuza en la mano?
Acercaos: no nos ve.
Yo no sé qué es más gris,
si el acero frío de sus ojos,
si el gris desvaído de ese chal
con el que se envuelve el cuello y la cabeza,
o si el paisaje desolado de su alma.
Va despacio, arrastrando los pies,
desgastando suela, desgastando losa,
pero llevada
por un terror
oscuro,
por una voluntad
de esquivar algo horrible. Sí, estamos equivocados.
Esta mujer no avanza por la acera
de esta ciudad,
esta mujer va por un campo yerto,
entre zanjas abiertas, zanjas antiguas, zanjas recientes,
y tristes caballones,

LUIS CERNUDA
PEREGRINO
¿Volver? Vuelva el que tenga,
Tras largos años, tras un largo viaje,
Cansancio del camino y la codicia
De su tierra, su casa, sus amigos,
Del amor que al regreso fiel le espere.
Mas, ¿tú? ¿Volver? Regresar no piensas,
Sino seguir libre adelante,
Disponible por siempre, mozo  o viejo,
Sin hijo que te busque, como a Ulises,
Sin Ítaca que aguarde y sin Penélope.
Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.


Adolescente fui en días idénticos a nubes,
cosa grácil, visible por penumbra y reflejo,
y extraño es, si ese recuerdo busco,
que tanto, tanto duela sobre el cuerpo de hoy.
Perder placer es triste
como la dulce lámpara sobre el lento nocturno;
aquél fui, aquél fui, aquél he sido;
era la ignorancia mi sombra.
Ni gozo ni pena; fui niño
prisionero entre muros cambiantes;
historias como cuerpos, cristales como cielos,
sueño luego, un sueño más alto que la vida.
Cuando la muerte quiera
una verdad quitar de entre mis manos,
las hallará vacías, como en la adolescencia
ardientes de deseo, tendidas hacia el aire.



CÓMO LLENARTE SOLEDAD

Cómo llenarte, soledad,
sino contigo misma...

De niño, entre las pobres guaridas de la tierra,
quieto en ángulo oscuro,
buscaba en ti, encendida guirnalda,
mis auroras futuras y furtivos nocturnos,
y en ti los vislumbraba,
naturales y exactos, también libres y fieles,
a semejanza mía,
a semejanza tuya, eterna soledad.

Me perdí luego por la tierra injusta
como quien busca amigos o ignorados amantes;
diverso con el mundo,
fui luz serena y anhelo desbocado,
y en la lluvia sombría o en el sol evidente
quería una verdad que a ti te traicionase,
olvidando en mi afán
cómo las alas fugitivas su propia nube crean.

Y al velarse a mis ojos
con nubes sobre nubes de otoño desbordado
la luz de aquellos días en ti misma entrevistos,
te negué por bien poco;
por menudos amores ni ciertos ni fingidos,
por quietas amistades de sillón y de gesto,
por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma,
por los viejos placeres prohibidos
como los permitidos nauseabundos,
útiles solamente para el elegante salón susurrado,
en bocas de mentira y palabras de hielo.

Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona
que yo fui,
que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones;
por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos,
limpios de otro deseo,
el sol, mi dios, la noche rumorosa,
la lluvia, intimidad de siempre,
el bosque y su alentar pagano,
el mar, el mar como su nombre hermoso;
y sobre todo ellos,
cuerpo oscuro y esbelto,
te encuentro a ti, tú, soledad tan mía,
y tú me das fuerza y debilidad
como el ave cansada los brazos de la piedra.

Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
oigo sus oscuras imprecaciones,
contemplo sus blancas caricias;
y erguido desde cuna vigilante
soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
por quienes vivo, aún cuando no los vea;
y así, lejos de ellos,
ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
roncas y violentas como el mar, mi morada,
puras ante la espera de una revolución ardiente
o rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.

Tú, verdad solitaria,
transparente pasión, mi soledad de siempre,
eres inmenso abrazo;
el sol, el mar,
la oscuridad, la estepa,
el hombre y su deseo,
la airada muchedumbre,
¿qué son sino tú misma?

Por ti, mi soledad, los busqué un día;
en ti, mi soledad, los amo ahora.


Generación del 27


GENERACIÓN DEL 27, Tema 3 de la PAU ( Vanguardias y Poesía del 27)
FUENTES - INFLUENCIAS – ANTECEDENTES:
  1. Poesía tradicional medieval(Gil Vicente, Meendinho, Juan del Encina, etc.)/Poesía tradicional S.Oro (romancero de Lope)/ Vanguardia de Góngora / Bécquer.
  2. Vanguardias europeas, llegadas de la mano de R.Gómez de la Serna.
  3. En lo Poético inmediato, Juan Ramón Jiménez y su Poesía pura.
  4. En la teoría literaria, “La Deshumanización del arte” de Ortega y Gasset.
Serán llamados la generación del Sur /recordemos que ya Juan Ramón había iniciado esa descentralización de Castilla, de los del 98 (Andaluz de los tres mares). La Generación de la Amistad. Generación del 27 (III centenario muerte Góngora, celebrado al margen de la Academia, en el Ateneo sevillano). Otros nombres dados: “Nietos del 98, generación Años 20"
Esta Generación supo unir:
La tradición y la vanguardia.
Lo Popular y lo Culto
Lo español y lo universal
La Inspiración y el trabajo riguroso.
Rasgos comunes:
  1. Su estrecha amistad: “Poco a poco se han ido estableciendo contactos personales, que poco a poco fragan en amistad duradera, hay una influencia de amistad que atraviesa de lado a lado la Generación, desde Salinas a Manolito Altolaguirre” (D. Alonso) / “No hay programa –escribe Guillén-. Hay diálogos, cartas, paseos, comidas, amistad bajo la luz de Madrid, ciudad deliciosísima”
  2. Muchos de ellos estuvieron vinculados a la Residencia de Estudiantes (heredera de la ILE), que reunió allí a la mejor intelectualidad liberal española, a esta Generación lúdica y gozadora de la vida, de vitalismo apasionado. En la Residencia había conferencias de personalidades (A.Einstein, M Curie), recitales poéticos, musicales, ciclos de cine (aprte de Lorca, Alberti, Prados habitaban la Residencia, Dalí, Buñuel, Pepín Bello.
  3. Colaboraron en las mismas revistas: La Gaceta Literaria, Revista de Occidente (Ortega), Alfar, Verso y Prosa, Papel de Aleluyas, Carmen, Gallo, Mediodía, Litoral, Meseta; mantuvieron una abundante correspondencia epistolar. Todos aparecen incluidos en la Antología de G. Diego Poesía española (1915-1931), carta de presentación colectiva.
  4. La mayoría pasaron por la Universidad, fueron profesores de ella, mantuvieron inquietudes intelectuales y críticas por todo lo que ocurría dentro y fuera de nuestras fronteras; en general procedían de familias burguesas y acomodadas, que les permitió entregarse a sus aficiones literarias, editarse sus propias obras, viajar al extranjero.
Su interés por sus antecesores inmediatos, los del 98, fue menor, el carácter humano de su poesía, cargada de “impurezas” éticas, sentimentales, religiosas, biográficas y políticas, no era el más adecuado para la época: Después de la guerra se le dedicará más atención, Salinas dirá de Machado:
Gran Poeta al que no supimos ver bien los de nuestra generación hasta última hora (…) El grupo nuestro estaba deslumbrado por otro gran poeta de altura (J.R.J)y nunca vio a Machad en su verdadera luz”
ETAPAS:
  1. Ideal de Pureza (1918-29), ausencia tanto de lo narrativo, como lo retórico, depuración expresiva, anhelo de exactitud y precisión léxicas (J.R Jiménez, Ortega, Góngora –"solo la metáfora puede dar una suerte de eternidad al estilo”- Proust en boca de Lorca-)
  2. Contactos con el Surrealismo, en 1924 André Breton hacía su Manifiesto Surrealista, , en él postulaba los mecanismos del subconsciente con el fin de que se manifestaran en entera libertad los impulsos y las fuerzas oscuras que el hombre, víctima de una razón sumisa a los convencionalismos sociales y morales, había reprimido e ignorado sitemáticamente; se prtendía ascender a una realidad superior, a una subrrealidad amordazada en las conciencias, de ahí la importancia dada a los sueños (Freud). Se defendía como método ideal, la escritura automática, se pretendía la transformación directa de los estados anímicos en creaciones literarias o plásticas, sin que la razón tuvieran tiempo de influir en el acto creador. Aprovecharon todas las armas a su alcance ( imaginación, procesos oníricos, el humor corrosivo, la pasión erótica, y , en algunos casos, la crueldad) para luchar contra los formalismos de la cultura burguesa y contra las hipocresías del orden moral establecido. Se abrí ante ellos la posibilidad de expresar con entera libertad sus conflictos íntimos, su rechazo a unas normas morales caducas, y de llevar a las últimas consecuencias sus insobornables exigencias de sinceridad.
  3. De la Vanguardia al compromiso, un proceso de rehumanización, a lo largo de la década de los treinta, tendencia a alejarse de los postulados puristas; las imágenes gratuitas del creacionismo se llenan ahora de contenido y los conflictos personales y sociales afloran de nuevo a la literatura (llegada de la República, progresiva politización, compromiso de arraigo a una realidad colectiva –el caso extremo lo constituirá por ejemplo Alberti). La llegada a España del poeta Pablo Neruda 1935, el número 1 de su revista Caballo verde para la Poesía se abría con un editorial “Sobre una Poesía sin pureza” atacaba frontalmente cualquier ideal esteticista (a ello contestaría J.Ramón que consideró aquello un ataque personal) (Buñuel rueda 1932 el estremecedor documental las Hurdes, tierra sin Pan).
  4. La Guerra, en 1936 al estallar la guerra todos, a excepción de G. Diego, tomaron partido por la República. Un mes después Lorca es asesinado, Guillén encarcelado (saldrá en el 38 a EE.UU) y tan solo quedan en el país: G. Diego, D. Alonso y V. Aleixandre. Colaboraron en las revistas del momento (El mono azul, Hora de España, e hicieron poesía de circunstancia: Un fantasma recorre Europa, En defensa de Madrid de Alberti- Alberti, Teresa León -su mujer- y Miguel Hernández llevarán la literatura y el teatro a las trincheras de los soldados, oficialmente también se publicaba Romancero General de la Guerra de España (preparado por Rodríguez Moñino y E. Prados).
  5. Exilio y posguerra, en estos años se hallará un tono apasionado, angustioso, dolorido. Generalizando mucho (a excepción de Cernuda) tardarán un tiempo en volver a hallar su voz, León Felipe sigue escribiendo e influirá en los poetas más jóvenes. Se agudiza el proceso de rehumanización y se intenta mantener el compromiso entre la ética y la estética, pero los problemas sociales e históricos que les toca vivir ensombrecen las tintas hasta en Guillén (Clamor frente a Cántico). La imagen que de ellos se dio en la España oficial casi siempre estuvo deformada o tergiversada y sus obras fueron silenciadas o prohibidas (aquí sirvieron de puente Hijos de la Ira de Dámaso Alonso y Sombra del Paraíso de V. Aleixandre), habrá que esperar a los años setenta, reivindicados por Cantautores, y a los ochenta, con el regreso de Alberti para que su voz vuelva a ser escuchada y su obra estudiada y valorada en su totalidad.
Ahora bien, vistas todas estas características y circunstancias, nos vemos como siempre obligados a bajar a la Obra de cada Poeta y estudiarlo en particular, con sus peculiaridades propias.





martes, 5 de noviembre de 2013

La Poesía española en el primer tercio del siglo XX


La Poesía española en el primer tercio del de S.XX

Este es el título del tema II del actual temario de las PAU

En los primeros treinta años del S.XX tendríamos la llegada del Modernismo a España, a través del maestro Rubén Darío, la acogida del Modernismo por parte de poetas como Salvador Rueda, Antonio Machado, su hermano Manuel, Juan Ramón Jiménez, etc.

También en esta etapa podría hablarse de una poesía regionalista y algo costumbrista, el caso de Salvador Rueda (la misma fase se está dando en poetas locales -un Gabriel y Galán en Extremadura o de Vicente Molina en Murcia-); pero podríamos hablar de la poesía propiamente noventayochista de la segunda etapa de Machado o Unamuno, o también un poco más tarde la Poesía pura o esencialista de las distintas etapas de J.R Jiménez.

Y que también en los últimos años de la etapa llegan a España las Vanguardias europeas y comenzará su andadura la Generación del 27 (pero esto ya se propone como tema 4)

MODERNISMO

Rubén Darío es el que trae el Modernismo a España, él llega como embajador de las letras, a propósito del IV centenario del descubrimiento de América en 1898, más tarde residiría en París introducido en los círculos literarios por A. Sawa, y vivió dos décadas a caballo entre España y París como enviado del periódico de La Nación de B. Aires para el que escribía crónicas y como embajador de Nicaragua.

Su aportación a la Poesía española consiste en haber traído con su Poesía un movimiento que aunaba el Romanticismo español (lo que este tiene de otoñal y de melancolía), el exotismo americano con sus selvas, pájaros y su mundo exuberante de culturas ancestrales, y los movimientos artísticos franceses del Parnasianismo (mov. formalista que busca "el arte por el arte") y el Simbolismo que trata de desvelar lo que la realidad esconde a través de símbolos más inmediatos).

Siempre se habló de Rubén como persona carismática en la Poesía: sus versos alejandrinos, sus versos eneasílabos franceses, sus acentos marcados, su musicalidad, aprovechando acentos, palabras esdrújulas, cambios de rima, recursos literarios: encabalgamientos: ("Y sufrir por la sombra / y por..." del poema Lo fatal) o paralelismos, y aliteraciones, y no solo en los poemas mayores (ínclitas razas ubérrimas/ sangre de hispania fecunda....de Salutación del optimista), si no en las piezas en apariencia menores: las juguetonas de La Sonatina, ("está mudo el teclado de su clave sonoro", "con el ala aleve del leve abanico" de La marquesa Eulalia), o en las transcendentales Lo Fatal ("Y la carne que tienta con sus frescos racimos/ Y la tumba que aguarda con sus fúnebres ramos").

Se trata de un arte sensual, que aprovecha todos los recursos para halagar los sentidos:
  1. La vista, eligiendo adjetivos cromáticos (desde los colores más apagados -grises o blancos en Machado- hasta los colores más brillantes -cárdenos o púrpuras-)
  2. El oído, desde los sonidos más suaves hasta los más estridentes (está mudo el teclado/ con los staccati de una bailarina y las locas fugas de una colegiala/ la orquesta perlaba sus mágicas notas/ frases vagas y tenues suspiros/ la divina Eulalia ríe, ríe, ríe)
  3. El olfato (perfumes, esencias, aromas, fragancias de oriente (los nelumbos de oriente, de Occidente las dalias y las rosas del sur)
  4. El gusto (festivas fiestas, donde el licor y el champaña alegran el paladar)
  5. El tacto (los sedosos trajes, el blanco tersor del mármol florido)

Princesas, marquesas, fiestas paganas, versallescas, maestros mágicos, liróforos celestes, un mundo maravilloso, envolvente y cosmopolita, lleno de mitología, héroes aztecas o medievales, palacios o salones lujosos, que muestran su sensualidad, su juventud, su ansia de vida, su concepción panteísta de la naturaleza, un diletantismo elegante, que les permitía apartarse del realismo positivista que predominaba a finales del XIX. Todo ello resume la eterna protesta del artista contra el hombre práctico y romo, del soñador contra la tiranía de la riqueza servil.

Bien es verdad que nuestro modernismo peninsular fue menos brillante que el de Rubén: nos dejaron "las rosas fragantes, los jardines y el piano amoroso a la luz de la luna" de J.R.Jiménez; el ocaso machadiano ("Hacia un ocaso radiante/caminaba el sol de estío, y era, entre nubes de fuego, una trompeta gigante,/tras de los álamos verdes de las márgenes del río" de Soledades),sus "colinas plateadas y los grises alcores" de Soria, en los Campos de Castilla; la gracia, el donaire y la fivolidad de su hermano Machado, aunque unidas a sus seguiriyas gitanas, a sus malagueñas, que revierten al mundo andaluz.

Y hubo también un Modernismo en poetas que quedan hoy en segunda fila, un Villaespesa (El alto de los bohemios, Nocturnos del Generalife, que señalan su veta orientalista) o un Eduardo Marquina, el mismo Alejandro Sawa, personaje que flota entre la realidad y la ficción literaria que ya conocemos, fue insigne representante del mejor Modernismo bohemio, con su dosis de idealismo y malditismo (grandeza y miseria) a partes iguales.

El Modernismo, brillante, cosmopolita y exitoso durante las dos primeras décadas del siglo, comenzó a dar señales de agotamiento por los mismos años en que en Europa también la poesía, tomaba otros derroteros a los marcados por Rubén Darío.

Un famoso verso del poeta mejicano Ernesto González Martínez ("Tuércele el cuello al cisne de engañoso plumaje") anunciaba el cansancio que ya en 1911 el movimiento provocaba en América y constituye el banderazo de salida que, hacia 1920, cristalizará en la aparición de nuevas corrientes y una nueva pluralidad de voces poéticas.
Suele considerarse 1916, con la muerte de R.Darío el final del movimiento. En este mismo año publica también J. R. Jiménez su libro Diario de un Poeta reciencasado, que marcará para él y para la poesía española un cambio de rumbo ("del cisne al búho")

ANTONIO MACHADO RUIZ (SEVILLA,1875 / 22 Febrero COLLIURE, 1939)

A. Machado nació en el palacio de las Dueñas, perteneciente a la casa de Alba, pero que estaba alquilado a distintas familias, el palacio tenía un patio y un limonero, su padre trabajaba y leía poemas en el despacho que daba al patio, este será un recuerdo amoroso que acompañará siempre a Machado, de otra casa sevillana recuerda el olor de la albahaca de las macetas de su madre. Recuerdo triste el de su primera escuela: Recuerdo Infantil (http://sevilla.abc.es/Media/201109/24/palacioduenas4--644x362.jpg)


Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de lluvia tras los cristales.

Es la clase. En un cartel
se representa a Caín
fugitivo, y muerto Abel,
junto a una mancha carmín.

Con timbre sonoro y hueco
truena el maestro, un anciano

mal vestido, enjuto y seco,
que lleva un libro en la mano.

Y todo un coro infantil
va cantando la lección:
«mil veces ciento, cien mil;
mil veces mil, un millón».

Una tarde parda y fría
de invierno. Los colegiales
estudian. Monotonía
de la lluvia en los cristales






Su abuelo paterno Antonio Machado Núñez, era catedrático de Ciencias Naturales en la universidad sevillana (había estudiado en París y fue uno de los primeros que explicó la teoría de Darwin en España y editó algún libro: Catálogo metódico y razonado de los mamíferos de Andalucía). Krausista y gran amigo de Giner de los Ríos y de Fernando de Castro, juntos fundarían la Revista de Filosofía, Literatura y Ciencias. Antonio Machado Álvarez, su padre, fue folklorista (también lo había sido su tío, el erudito Agustín Durán), trabajó con dedicación para reunir el tesoro de las poesías, romances y canciones populares, sus dos hijos heredarían ese gusto, Manuel diría:

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor. (
Copla)

En 1883 la familia marchó toda a Madrid, y allí los hermanos asistieron a la Institución Libre de Enseñanza (ILE), cuyo fundador, Giner de los Ríos, era compañero de afanes e intereses por la educación española, tanto como el abuelo. La ILE (entonces en la calle Infantas, 22) representaría para Machado, su amor al trabajo, su conciencia social, la fe en la educación y en la liberalidad de las ideas. Actividad complementaria de los estudios son las numerosas excursiones que hacen los alumnos con sus profesores a pueblos y ciudades cercanas, a la sierra del Guadarrama, así como a los museos, fábricas, centros científicos, a
al Observatorio astronómico.

La muerte del padre en 1893, y la del abuelo en 1895, hicieron peligrar sus estudios. Los dos hermanos buscando un sustento para la familia realizan pequeños trabajos, colaboran en un Diccionario de ideas afines y elementos de tecnología, que dirige Eduardo Benot, al que dedicará luego Machado “Fantasía de una noche de Abril”–poema de Soledades, Antonio y Manuel siempre unidos leen y colaboran en la revista Vida Nueva, que saluda con Bienvenidas en 1898 a R. Darío cuando llega a España, pero como de la Poesía no se vive, viajarán a Paris para trabajar haciendo traducciones en la casa editora Garnier (que traducía clásicos), allí andarían con Baroja y conocieron a al poeta americano Òscar Wilde, regresan en 1899 y en Madrid reanuda sus tertulias literarias con , Valle-Inclán, Villaespesa, Benavente, Alejandro Sawa, Maeztu…todos ellos en la vanguardia de las letras y en lo que su hermano llamaría La guerra Literaria (libro publicado 1913)y que es una defensa del Modernismo y colaboraban en las revistas Electra y Revista Ibérica fundadas por Villaespesa, más tarde en la revista Helios.

Los hermanos Machado vuelven a Paris en 1902, trabajará en el Consulado, puesto que le ha proporcionado Ricardo Calvo (actor) amigo de los Machado, allí conoce a Rubén Darío (la poesía de Antonio es la de un filósofo estoico, dirá Rubén , sabe decir sus enseñanzas en frases hondas; su paradoja y su saeta siempre suavizadas de indulgencia).

Al volver a Madrid, de nuevo con sus amigos, conoce a Juan Ramón que está en el Sanatorio del Rosal, allí van a visitarlo: mientras Villaespesa defiende la lectura del Zaratustra de Nietzsche frente al Kempis, que entonces lee J.Ramón y le dice que salga con ellos a “beber Falerno y Chipre y a perseguir a las ninfas”, Antonio que observa el gesto crispado de dolor de J.Ramón mueve la cabeza con reprobación- Frente a la exquisita tristeza de J.Ramón la efusiva vulgaridad de Villaespesa, Juan Ramón les lee sus poemas y les firma ejemplares de su libro Arias Tristes. Uno de los Poemas de Soledades, Nocturno, está dedicado a J.Ramón, y este le dedicará un elogioso y certero comentario crítico al libro de Antonio cuando aparece en 1902, en El País. Entre ambos Poetas habrá siempre una profunda admiración y amistad (salvando distancias, recuérdese la anécdota del diario de Juan Guerrero –secretario de J.Ramón cuando un día visitan la casa de los Machado)

Los años 1904-5 significan para Antonio el fin de la dorada bohemia, en esos años publica Baroja La Lucha por la Vida; Azorín Las confesiones de un pequeño Filósofo, y Los Pueblos; Juan R. Jiménez Jardines Lejanos; Valle-Inclán Flor de Santidad; Unamuno Vida de D: Quijote y Sancho y R.Darío Cantos de Vida y Esperanza; en la librería de Viejo que tiene el editor Gregorio Pueyo, el editor del Modernismo, en la calle de Mesoneros Romanos, no falta nunca algún escritor charlando con él, proyectando nuevas ediciones. Machado proyecta editar su segunda edición o nuevo libro, de Soledades, Galerías y otros Poemas.

En 1907 se presenta a una cátedra de Francés, aprueba y se marcha al Instituto de Soria, allí se alojó en la Pensión de D. Isidro Martínez en la calle Collado, otros huéspedes eran un médico, otro catedrático y un delineante, hará amistad y dará largos paseos con el abad de la colegiata (arqueólogo e historiador) D.Santiago Gómez y con el periodista, José Mª Palacio.
Se enamoró de una hija de los dueños de la Pensión, Leonor, diecinueve años menor que él, la boda se celebró el 3 de Julio de 1909 “si la felicidad es algo posible y real-lo que a veces pienso- yo la identificaría mentalmente con los años de mi vida en Soria y con el amor de mi mujer, cuyo recuerdo constituye el fondo más sólido de mi espíritu” dirá más tarde desde Segovia.
En estos años de estancia en Soria es cuando se hace más honda su preocupación por España, que va a reflejarse desde entonces en su poesía y prosa (sobre todo en sus cartas a Unamuno desde Baeza), manifiesta un patriotismo diferente, que no mira al pasado ni a las viejas glorias, ya desvanecidas, sino que mira al presente y al porvenir.

En una nación pobre e ignorante mi patriotismo me impide adular a mis compatriotas, donde la mayoría de los hombres no tienen otra actividad que la necesaria para ganar el pan, o alguna más para conspirar contra el pan de su prójimo; en una nación casi analfabeta, donde la ciencia , la filosofía y el arte se desdeñan por superfluos, cuando no se persiguen por corruptores; en un pueblo sin ansias de renovarse ni respeto a la tradición de sus mayores; en esta España, tan querida y tan desdichada, que frunce el ceño o vuelve la espalda desdeñosa a los frutos de la cultura, decidme: el hombre que eleva su frente y su corazón a un ideal cualquiera, ¿no es un Hércules de alientos gigantescos cuyos hombros de atlante podrían sustentar montañas?” (Discurso de apertura en el Instituto, 1910). En sus paseos y excursiones conoce La Laguna Negra y sus leyendas y va elaborando el famoso romance de La Tierra de Alvargonzález.

Ese mismo año, 1910, viaja a París con Leonor, acude allí a un curso del filósofo H.Bergson, mientras trabaja en el poema de la tierra de Alvargonzález, que dedicará a Juan R- Jiménez; pero Leonor enferma y parece que es grave, los médicos aconsejan volver a Soria, al aire puro, Machado tendrá que recurrir a un préstamo de Rubén Darío para regresar a casa, se preocupará intensamente de Leonor y va escribiendo Campos de Castilla. En 1912 la enfermedad de Leonor se agrava, el 4 de Mayo escribirá el famoso poema “A un Olmo seco”:

Mi corazón espera
También, hacia la luz y hacia la vida,
Otro milagro de la primavera.
Pero el milagro no se produce y Leonor empeora cada día, en Junio llegan a Soria los primeros ejemplares de Campos de Castilla (edt. Renacimiento), recibe elogiosas críticas de Unamuno, Ortega, Azorín, José Mª Palacio, pero no le deslumbra, sigue pendiente de Leonor, que muere el 1 de agosto de 1912:

Una noche de verano
—estaba abierto el balcón
y la puerta de mi casa—
la muerte en mi casa entró.
Se fue acercando a su lecho
—ni siquiera me miró—,
con unos dedos muy finos,
algo muy tenue rompió.
Silenciosa y sin mirarme,
la muerte otra vez pasó
delante de mí. ¿Qué has hecho?
La muerte no respondió.
Mi niña quedó tranquila,
dolido mi corazón,
¡Ay, lo que la muerte ha roto
era un hilo entre los dos ¡

Grita de dolor en cuatro versos desolados:

Señor, ya me arrancaste lo que yo más quería.
Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar.
Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía.
Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

En cartas a Juan Ramón y a Unamuno habla de su desesperación, pide traslado y se marcha a Baeza, desde allí recordará, volverá a despedirse de Soria:

                        Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño ¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!

Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.

¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?

Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor.

¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!...

¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares!

En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.

Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.

Pero Machado no gusta de la ciudad, ni de sus gentes, ni de su pobreza espiritual, ni de su barbarie. En una carta a Unamuno le dirá: "aquí no se puede hacer nada, esta gente tienen el alma absolutamente impermeable”, pasa siete tristes años, dedicado al recuerdo de Leonor, a dar grandes paseos de Baeza a Úbeda, a leer, a meditar, a estudiar Filosofía.

De ahí arrancará su libro en Prosa Los complementarios, que atribuye al poeta y filósofo apócrifo Abel Martín. Todo es monotonía en aquel poblachón, un día hay un pequeño alto en el camino, 8 de junio de 1916, unos estudiantes de Granada visitan Baeza, se organiza una velada en el Casino, Machado lee poemas suyos y al piano acompaña un estudiante, F.García Lorca, que se atreve a decirle a D. Antonio, que a él le gusta la música y la Poesía-

Será en 1919 cuando pueda trasladarse a Segovia, ciudad donde vuelve a dar clases, vuelve a conocer el amor, con Pilar de Valderrama, musa que conoce en la tertulia literaria a la que acude, y que aparecerá en sus versos bajo el seudónimo de Guiomar.

Por ti la mar ensaya olas y espumas,
y el iris, sobre el monte, otros colores,
y el faisán de la aurora canto y plumas,
y el búho de Minerva ojos mayores.
Por ti, ¡oh Guiomar!...

Allí escribe más páginas de crítica (su amor por la novela rusa, Tolstoi, Dostoievsky…) ensayo, artículos de periódico, que de versos. Sigue escribiendo a Unamuno, a Juan Ramón, le envía Gerardo Diego su primer libro “El Romancero de la novia”. En 1924 publica él su otro libro Nuevas Canciones, hace con su hermano Manuel adaptaciones para el teatro, del Condenado por desconfiado de Tirso, el Hernani de V. Hugo y obras propias Juanillo Valcárcel y La Lola se va a los puertos, brindándosela a Guiomar.

Aquí en Segovia recibe la llegada de la República, y no duda en ser el primero en salir al Ayuntamiento a ondear su bandera (el 14 de Febrero, había presentado la conferencia de Ortega, Marañón y Pérez de Ayala para el mitin de la Asociación al Servicio de la República). En 1932 pasa a ocupar una cátedra en el Instituto Calderón de la Barca de Madrid, sigue con Manuel presentando obras teatrales, sigue viendo a Guiomar; a la tertulia de los hermanos Machado en el café Varela, acuden otros poetas, le va a ver Unamuno (allí le conoció Alberti).

En 1935 se adhiere al Comité Internacional de escritores para la defensa de la Cultura. En 1936 aparecen Sus Poesías Completas y su libro de Juan de Mairena, profesor apócrifo. Escribe para los periódicos. 

Mueren en ese año Valle-Inclán, Villaespesa, para ambos escribe artículos elogiosos, escribe “El crimen fue en Granada” a la muerte de Lorca. En nombre de la Alianza de intelectuales, es visitado por Alberti y León Felipe, para comunicarle la invitación del Gobierno republicano para que abandone la capital y se vaya a Valencia. Desde el pueblecito de Rocafort seguirá, muy decaído, escribiendo artículos por la paz y a favor de la República y el entendimiento del pueblo español.

En el II Congreso Internacional de escritores y en un mitin a las juventudes socialistas, confiesa su escasa simpatía por la doctrina marxista aunque declara la necesidad y la justicia del Socialismo: “Tal vez porque soy demasiado romántico, por el influjo, acaso, de una educación demasiado idealista, me falta simpatía por la idea central del marxismo: me resisto a creer que el factor económico, cuya enorme importancia no desconozco, sea el más esencial de la vida humana y el gran motor de la historia”

En Abril de 1938, la familia Machado decide trasladarse a Barcelona, decaído físicamente, pero no mentalmente, escribe un lúcido prólogo a La Corte de los Milagros de Valle-I. Escribe, lee a los clásicos, El Quijote, Tolstoi. 

El 22 de Enero de 1939 varios coches de la dirección de Sanidad, en uno de los cuales iba la Familia Machado(él, su madre, su hermano José, el pintor, y su cuñada) salen por la frontera, alojados en una Masía (con Corpus Vargas entre otros), reanudaron su lenta marcha hacia la frontera, el día 28 se formó un tapón y a eso de media noche hubo que abandonar los coches para pasar la frontera a pie, el poeta sufría, viendo a su madre anciana bajo la lluvia. En la estación de Cerbère pasaron la primera noche en Francia en un vagón detenido en una vía muerta. Machado no quiso ir a París, desde donde se le ofrecía ayuda para él y su familia, prefirió el pueblo de Colliure, junto al mar, se alojaron en el Hotel Bougnol-Quintana. 

Allí el 22 de Febrero moriría Antonio Machado y su madre tres días más tarde. En el bolsillo de su chaqueta, se encontró escrito un último verso: “Estos días azules y este sol de la infancia”.

El Libro de Soledades, retrata la indagación en sus galerías del alma, indaga en el recuerdo y en los sueños, que aparecen como figurillas de un retablo, o como figuras sobre un lienzo. Evoca el limonero de su infancia, la noria los cantos de los niños, que siempre llevan la melancolía a cuestas. El retablo, el lienzo de los sueños, el espejo y las galerías, la hora de la tarde, serán los símbolos que aparecen en estos poemas.

En el Libro Campos de Castilla, Machado abre el libro con su Autorretrato, donde se define como persona, su lado amoroso, político y estético, adivinando premonitoriamente su ejemplar final:

Me encontraréis a bordo, ligero de equipaje,
Casi desnudo, como los hijos de la mar.

como ya hemos dicho se enfrenta a las tierras de Soria, adustas, sobrias, sencillas, que despiertan también su paisaje espiritual. Sin embrago conoce sus defectos, la España profunda y cainita que ya adelantaba en el “Recuerdo infantil” de Soledades y muestra de ello es el romance de Alvargonzález
La Intrahistoria unamuniana, está desvelada en los poemas machadianos, en el gran poema Tierras de Soria o a Orillas del Duero.

En muchos de los poemas aparecerá LA TARDE, a la que matizarán los adjetivos (tarde clara casi de primavera; tarde lenta del lento verano; tarde triste y polvorienta; triste tarde), momento predilecto en la poesía machadiana, como símbolo del ocaso de la vida, de la monotonía y la repetición, del encuentro de Machado consigo mismo. Y en muchos irá Machado conversando consigo mismo (Converso con el hombre que siempre va conmigo), con la fuente, con la tarde, con la sombra.
Entendía Machado La POESÍA como el diálogo de un hombre con su tiempo; como la palabra en el tiempo. Definía la rima como el recuerdo de un sonido que ya apareció. Y Ya sabemos como desearía dejar su verso, pues nos lo confiesa en las estrofas de su AUTORRETARTO.

De los otros libros, Canciones y proverbios, nos quedaríamos con su gracia en las sentencias, gracia que siempre desplegaría su hermano Manuel y que él reserva para estos aforismos y cantares o para las anécdotas de su profesor apócrifo Juan de Mairena.

Machado pasará a la historia de la Poesía española como maestro de poetas del siglo XX, modelo y seguimiento que propagarán intensamente los poetas de la Generación del 50 en la Posguerra, y los Cantautores de los años 70.

Ver poemas en: Textos de Rubén, Machado, J.RJiménez

Como el año pasado en Junio (PAU Junio de 2014 ), a propósito de un texto en prosa de Rosa Montero, se decía que Unamuno era un poeta de la Generación del 98 y que se hablara de él y de esa Generación, y dado que en el libro de texto apenas hay dos líneas de la POESIA de Unamuno, os añadiré algo por mi cuenta.

Su obra poética constituye, como gran parte de su obra en prosa (artículos, ensayos o novelas), una biografía de su espíritu, con sus anhelos y sus desgarros (temas como la inmortalidad, el hambre de Dios, la angustia de vivir...). Por tanto una poesía marcada en el más puro estilo noventaiochista, lejos del preciosismo modernista (¡ojo con lo que pone el libro de texto!)

Es lo que podríamos ver si leyéramos Poesías (de 1907), Rosario de Sonetos líricos (1911), El Cristo de Velázquez (Poema de más de dos mil endecasílabos blancos,1920), Romancero del Destierro (1928) o el Cancionero Póstumo.

Por un lado, tenemos su énfasis en los poemas exclamativos, sentidos, como algunos versos del Cristo de Velázquez o los del Cancionero; Por otro tenemos un verso, que alejándose de la estética modernista quiere más parecerse a la nueva tendencia de verso extendido, sobrio, casi prosaico, que recoge tan solo los devaneos de su pensamiento.

Si alguien quiere ampliar más sobre este punto, puede hacerlo acercándose a esta página:  http://jaserrano.nom.es/unamuno/poes.htm


JUAN RAMÓN JIMÉNEZ (Moguer 1881-P.Rico 1958)
Juan Ramón nace un 23 de Diciembre, jugando con esta fecha, cuando escribe sobre él dice “Cuando yo era el niñodiós, era Moguer, este pueblo,/una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro/Cada casa era palacio y catedral cada templo;/estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo” , poema recogido en Ríos que se van (1953)

Vivió Juan Ramón en Moguer su infancia, y caminaba por la calle con Juana la demandadera, extasiándose en la luz al irisarse en las ventanas, en el olor de las flores, en lamañana dorada, en el sonido de las campanas. Toda ese deslumbramiento está recogido en sus libros Elejías y Platero y Yo (1906) Marcha luego a Sevilla a estudiar Derecho, que no concluirá. En 1900 es llamado por R.Darío y Villaespesa a Madrid, para”luchar por el Modernismo”. Muy lejos de la evasión, la poesía de fin de siglo esgrime la belleza como un acto de rebeldía, contra la excesiva confianza del positivismo en la razón, y a ello se suma Juan Ramón.

La raíz de la que surge la Poesía Juanramoniana no cambia, pero sí evoluciona. Siempre autocrítico, sabe de la inautenticidad expresiva en sus primeros libros :. Ninfeas y Almas de violeta. Una estancia en Francia y la lectura de Verlaine le llevan a Bécquer, de lo que estarán llenos sus siguientes libros: Rimas, Arias tristes y Jardines Lejanos, la búsqueda de la palabra que le franquee la entrada a lo desconocido que hay dentro (el yo más íntimo) y fuera (el misterio ontológico del universo) de uno mismo. La muerte es la compañera obsesiva en estos poemas, el sentimiento de tristeza, recuerdos –algo indefinido y vago- sentimientos, sensaciones al contemplar la naturaleza.

Pero en 1904 regresa a Moguer, ha formado grupo en Madrid (Villaespesa, Darío, los Machado), desde el sanatorio del Rosario, pero desaparece la revista Helios y escribe a la edit. Renacimiento diciendo que el grupo se dispersa, se retira a Moguer, “el pueblo es intuición y va a olvidar y a aprender en el olvido”, entre 1905-12 toda su escritura está marcada por el ensayo de nuevas posibilidades para su escritura: Pastorales, Baladas, Elejías, diálogos con la Naturaleza hasta llegar a Platero y Yo (1912), el mundo interior aspira a lo eterno e inmutable, mientras que el mundo exterior, definido en la mutabilidad y el cambio, contradice dicha aspiración.
Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros cantando;
y se quedará mi huerto con su verde árbol,
y con su pozo blanco.

Todas las tardes el cielo será azul y plácido;
y tocarán, como esta tarde están tocando,
las campanas del campanario.

Se morirán aquellos que me amaron;
y el pueblo se hará nuevo cada año;
y en el rincon de aquel mi huerto florido y encalado,
mi espiritu errará, nostalgico.

Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
verde, sin pozo blanco,
sin cielo azul y plácido...
Y se quedarán los pájaros cantando.

AVIDEZ DE ETERNIDAD( 1914-1923), la visión sicologicista de la primera poesía juanramoniana, cede el paso a la nueva dimensión ética y metafísica, necesita reinventar “el nombre exacto de las cosas”, que le haga visible la verdadera y profunda dimensión de las cosas, la poesía se convierte en tarea descifradora de dicha dimensión, una Poesía en la que la exigencia de desnudez se hace extensiva a todos los niveles (fónico, rítmico, léxico, temático) , se esfuerza por dejar fuera del poema todo aquello que pertenece al ámbito de lo circunstancial, libre de toda contextualización: 
                                       
                                        ¡Inteligencia, dame
el nombre exacto de las cosas!
… Que mi palabra sea
la cosa misma,
creada por mi alma nuevamente. 5
Que por mí vayan todos
los que no las conocen, a las cosas;
que por mí vayan todos
los que ya las olvidan, a las cosas;
que por mí vayan todos 10
los mismos que las aman, a las cosas…
¡Inteligencia, dame
el nombre exacto, y tuyo,
y suyo, y mío, de las cosas! ( de Eternidades)

La poesía de Juan Ramón Jiménez adoptó un tono más intelectual, conceptista y abstracto. En realidad, no puede decirse que dejara de ser modernista (toda su vida creyó serlo) o que abandonara el simbolismo, que era su principal fuente de inspiración poética y, en sentido profundo, la raíz de su visión del mundo.

La madurez llega con el libro de DIARIO DE UN POETA RECIÉNCASADO (1916), donde no contento con romper moldes poéticos y estructuras métricas, mezcla verso y prosa. Prosa que tienen tanto contenido lírico como la mejor poesía. (ver los textos analizados de “Las iglesias, Primavera en N:York y La negra y la Rosa”).
Su diálogo con el mar, sigue siendo la tarea por encontrar a través de los nombres la verdadera realidad:

Te tenía olvidado,
cielo, y no eras
más que un vago existir de luz,
visto -sin nombre-
por mis cansados ojos indolentes.
Y aparecías, entre las palabras
perezosas y desesperanzadas del viajero,
como en breves lagunas repetidas
de un paisaje de agua visto en sueños...

Hoy te he mirado lentamente,
y te has ido elevando hasta tu nombre

El Diario no es el resultado de un autoanálisis, sino de una contemplación

La tarea del poeta es la aquilatación y mejoramiento de las visiones ofrecidas por los saberes convencionales: “acabar el saber”. Lo propio de la poesía es revelar los misterios últimos del hombre y del mundo, que, por su naturaleza espiritual, se consideran fuera del alcance de la razón convencional. Son suprarracionales (la Razón Infinita de los filósofos idealistas del XIX) y sólo por medios que vayan más allá de los racionales pueden ser captados por la conciencia. Ese es el papel de la poesía.

El poeta tiene un papel especial en el mundo, porque es un individuo dotado de una especial sensibilidad (hay, incluso, un fondo darwinista en esta línea de pensamiento poético) que le permite ponerse en contacto con ese espíritu universal. Aquí se ve también cómo Juan Ramón Jiménez continúa una tradición modernista, simbolista y romántica (recordemos el verso de Rubén Darío: “¡Torres de Dios, poetas!), cuya última raíz en nuestra cultura está en Platón y su consideración de los poetas como mediums de los dioses.

Los libros finales de J.Ramón Belleza, La Estación total, Animal de fondo, En el Otro costado y Dios deseado y Deseante siguen “su obra en marcha” , los materiales irracionalistas –el sueño,, la fantasía, lo instintivo- de la primera poética siguen teniendo validez en la estética presente, no puede hablarse de intelectualización del poema, , sino que lejos por igual del racionalismo y del irracionalismo, se afirma el valor del arte como iluminación que da cuenta de la vida inconsciente, que incorpora los materiales del mundo interior en unos “entramados de sentido” que se configuran como conciencia. La poesía puede definirse como “un venir a ser yo cada día, una nueva visión y una nueva expresión de mí mismo y del mundo que yo veo. En la estación total dirá: “vivir es fundir una conciencia inmortal, para así burlar a la muerte, en tanto que morir es solo abandonar la forma del hombre, metamorfosear la conciencia, para fundirse con la consciencia absoluta del cosmos.

El papel de Juan Ramón J. en la literatura es haber sido el primero en liberar al verso de las ataduras tradicionales, fundir verso y prosa. Haber cultivado la belleza en el adjetivo y en el sustantivo que esencializa las cosas. Haber conjugado el Romance lírico (Machado lo había hecho con el épico y Lorca lo hará con el Romance dramático, según Alberti) con la más novedosa y difícil poesía nueva.
Él dirigirá la Residencia de Estudiantes (que había fundado A. Jiménez Fraud, allí vivirán los jóvenes del 27, para los que será su maestro (ya veremos el amor-odio de Cernuda), allí dirige las revistas Índice, Sí Boletín Bello español, La revista de la Residencia, donde los jóvenes poetas van publicando sus obras.

En 1936, antes de que estalle la guerra, marcha voluntario al exilio, vivirá en P. Rico, La Habana, EE:UU, y morirá en P. Rico, en cuya Universidad trabajaba y a la que legan Zenobia y él,  gran parte de sus manuscritos  y su archivo. Murió en 1958 dos años después de Zenobia, sus restos serían luego trasladados a Moguer.

Hoy en Moguer, hay también un buena fundación, que cuida su obra.

Ver poemas en : Textos de Rubén, Machado , J.R.Jiménez